QUE ES EL COLPORTAJE

EL COLPORTAJE ES VERDADERO MINISTERIO:

colportores con jesus

Todos los que deseen tener una oportunidad de ejercer un verdadero ministerio, y que quieran entregarse sin reserva a Dios, hallarán en el colportaje oportunidades de hablar de las muchas cosas concernientes a la vida futura e inmortal. La experiencia así ganada será del mayor valor para los que se están preparando para el ministerio. Es el acompañamiento del Espíritu Santo de Dios lo que prepara a los obreros, sean hombres o mujeres, para apacentar la grey de Dios. Mientras alberguen el pensamiento de que Cristo es su compañero, sentirán una reverencia santa, un gozo sagrado en medio de los incidentes penosos y de todas las pruebas. Aprenderán a orar mientras trabajen. Serán educados en la paciencia, la bondad, la afabilidad y el espíritu servicial. Practicarán la verdadera cortesía cristiana, recordando que Cristo, su Compañero no puede aprobar las palabras duras ni los sentimientos adustos. Sus palabras serán purificadas. Considerarán la facultad del habla como talentos preciosos, que les ha sido prestado para hacer una obra elevada y santa. El agente humano aprenderá a representar al Compañero divino con el cual está asociado. Manifestará respeto y reverencia hacia este Ser santo e invisible, porque lleva su yugo y aprende sus modales puros y santos. Los que tienen fe en este Acompañante divino se desarrollarán. Serán dotados de poder para revestir el mensaje de verdad con una belleza sagrada.

UN MINISTERIO DE ÉXITO PARA SALVAR ALMAS

Colportor Evangelico.#3

Debidamente desempeñada, la obra del colportor es una obra misionera del más elevado carácter, y para presentar a las gentes las verdades importantes para nuestros tiempos no se puede emplear método mejor y más afortunado. No se puede negar la importancia de la predicación, pero muchos que están hambrientos del pan de la vida no tienen el privilegio de oír la palabra de los ministros delegados por Dios. Por lo tanto es esencial que nuestras publicaciones sean esparcidas por todas partes. De esta manera llegará el mensaje donde el ministro no puede ir, y la atención de muchos será llamada a los importantes sucesos relacionados con las últimas escenas de la historia de este mundo.

Dios ha ordenado el colportaje como un medio de presentar a la gente la luz contenida en nuestros libros, y los colportores deben comprender cuán indispensable es presentar al mundo tan pronto como sea posible los libros necesarios para su educación e ilustración espirituales. Esta es en verdad la obra que el Señor quiere que su pueblo haga en este tiempo. Todos los que se consagran a Dios para trabajar como colportores están ayudando a dar el último mensaje de amonestación al mundo. No podemos estimar demasiado altamente esta obra; porque si no fuese por los esfuerzos del colportor, muchos no oirían nunca la amonestación ( Joyas de los Testimonios , tomo 2, pág. 532. Año 1900).

NO EXISTE OBRA SUPERIOR:

colportores con jesus

No hay otra obra superior a la del colportaje evangélico, pues ella envuelve el cumplimiento de los deberes morales más importantes. Los que toman parte en ella necesitan estar siempre bajo la influencia del Espíritu de Dios. No hay que ensalzarse a sí mismo. ¿Qué es lo que tiene cualquiera de nosotros que no lo haya recibido de Cristo? Debemos amarnos como hermanos, revelando nuestro amor al ayudarnos unos a otros. Debemos ser misericordiosos y corteses. Debemos juntarnos más, trabajando mano a mano. Sólo los que viven en armonía con la oración de Cristo, actuando en conformidad con ella en la vida práctica, podrán soportar la prueba que vendrá sobre todo el mundo. Los que se exaltan a sí mismos se ponen bajo el poder de Satanás, y se preparan para ser víctimas de sus engaños. La palabra del Señor a su pueblo es que hemos de levantar la bandera alto y más alto. Si obedecemos a su voz, él obrará con nosotros y nuestros esfuerzos serán coronados de buen éxito. En nuestra obra recibiremos ricas bendiciones de lo alto y almacenaremos tesoros junto al trono de Dios. Si sólo supiéramos lo que nos espera en el camino no nos mostraríamos tan apáticos en la obra del Señor.

Estamos en el tiempo del zarandeo, el tiempo en que lo que pueda sacudirse será sacudido. El Señor no disculpará a los que conocen la verdad, si no obedecen su mandato en palabra y obra. Si no nos esforzamos por llevar almas a Cristo, nos hará responsables de la obra que hubiéramos podido hacer y que descuidarnos por causa de nuestra indolencia espiritual. Los que pertenecen al reino del Señor han de trabajar con celo para ganar almas. Han de hacer lo que puedan para restaurar la ley y sellarla entre los discípulos.

El Señor quiere que la luz que derramó sobre las Escrituras resplandezca en rayos claros y brillantes; y es deber de nuestros colportores hacer un esfuerzo enérgico y concertado para que se cumpla el designio de Dios. Nos espera una obra grande e importante. El enemigo de las almas lo comprende y está empleando todo medio de que dispone para inducir al colportor a emprender algún otro ramo de trabajo. Debe cambiarse este orden de cosas.

Dios invita a los colportores a que vuelvan a su trabajo. Pide voluntarios que dediquen todas sus energías y entendimiento a la obra y ayuden dondequiera que haya oportunidad. El Maestro invita a cada uno a hacer según su capacidad la parte que le ha sido confiada. ¿Quiénes responderán al llamamiento? ¿Quiénes saldrán, henchidos de sabiduría, gracia y amor a Cristo, a trabajar en favor de los que están cerca y lejos? ¿Quiénes sacrificarán la comodidad y el placer, y penetrarán en los lugares donde reina el error, la superstición y las tinieblas, para obrar con fervor y perseverancia, presentar la verdad con sencillez, orar con fe y trabajar de casa en casa? ¿Quiénes saldrán en este tiempo fuera del campamento, dotados del poder del Espíritu Santo, para soportar oprobio por amor a Cristo, explicar las Escrituras a la gente y llamarla al arrepentimiento?

Dios tiene obreros en toda época. Satisface la demanda de la hora con la llegada del hombre apropiado. Cuando clame la voz divina: “¿A quién enviaré, y quién nos irá?” “llegará la respuesta: “Heme aquí, envíame a mí” (Isa. 6: 8). Todos los que trabajan eficazmente en el colportaje deben sentir en su corazón que están haciendo la obra de Dios al ministrar a las almas que no conocen la verdad para este tiempo. Están proclamando la nota de advertencia en los caminos y los vallados, a fin de preparar un pueblo para el gran día del Señor, que pronto ha de sobrecoger al mundo.

No tenemos tiempo que perder. Debemos alentar esta obra. ¿Quiénes saldrán ahora con nuestras publicaciones? El Señor imparte idoneidad para la obra a todo hombre y mujer que quiera cooperar con el poder divino. Obtendrán todo el talento, el valor, la perseverancia, la fe y el tacto que requieren, cuando se pongan la armadura. Debe hacerse una gran obra en nuestro mundo, y los agentes humanos responderán ciertamente a la demanda. El mundo debe oír la amonestación. Cuando llegue la invitación: “¿A quién enviaré, y quién nos irá?” contestad en forma clara y distinta: “Heme aquí, envíame a mí” ( Joyas de los Testimonios , tomo 2, págs. 548, 549. Año 1900).

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